Los lusos tuvieron la pelota pero, inofensivos, hasta patearon menos que su agrandado rival y decepcionaron en su estreno mundialista.
Me importa un Congo quién sos. Que venga un candidato, que venga Cristiano Ronaldo, que venga Vitinha, Neto. Que Bernardo Silva la pida, que Bruno Fernandes intente gambetear. Portugal se chocó contra sus propias limitaciones primero y al toque con un equipo africano que entró a ver qué pasaba y que cuando bajó del poster a CR7 casi se lo gana. Un empate que castiga al equipo de estrellas estrelladas falto de espíritu y aplaude a otro que hizo historia.
Las diferencias en el fútbol existen por más que se hayan emparejados los métodos de entrenamiento, los estudios de los rivales y más. No es por casualidad que uno tenga jugadores en las mejores ligas y otro, no. Portugal pisó Houston con el cartel de candidato estampado en la frente y a los seis minutos, tras gran centro de Neto, aparecía la cabeza de Joao Neves.
La gente se desesperaba por CR7 y la historia se armaba para una fiesta del Bicho. Pero… El fútbol nació con “peros” que lo hacen atractivo. Portugal se convenció que la goleada llegaría por inercia pero con el 78% de posesión en el PT a penas había pateado al arco dos veces.
Congo pasó del Plan A “vamos a aguantar”, al Plan B “liberemos todo”. Y se animó a tocar. Con ingenuidades a veces, pero con criterio después. Los equipos africanos ya no son potencia física y nada más. Wissa y Bakambu empezaron a aguantarla arriba hasta que se asociaban los volantes, Moutoussamy sorprendía y el empate menos imaginado llegaría pronto. El 1-1 de Wissa, con baile genial en el festejo, llegó en el peor momento que podía llegar para Portugal: justo al final del PT y se fueron al vestuario con una tormenta de dudas.

