Subordinado geopolíticamente a Estados Unidos e Israel, Javier Milei llevó un espectáculo violento y decadente al Congreso de la Nación para dejar inauguradas las Sesiones Ordinarias el 1° de marzo; su gobierno venía de celebrar el ataque y los bombardeos contra Irán y de renovar las acusaciones de participación iraní en el atentado contra la mutual judía AMIA en 1994.
Con un tono y euforia renovada, y sin un solo anuncio que beneficie al pueblo argentino, Milei destacó en su discurso que el Atlántico sur pone en juego “rutas comerciales, recursos naturales, soberanía marítima y la presencia creciente de actores que no comparten nuestros valores. Quien lo controle controlará una parte clave del trabajo global. Argentina tiene que ser ese actor”, manifestó el presidente para después aclarar que “Argentina estará para ello en sintonía con Estados Unidos”.
Según Javier Milei, Argentina tiene los minerales críticos, la energía, gas, petróleo, energía nuclear y energía renovable que necesita Occidente para abastecer cadenas de producción de escala. “Tenemos la ubicación, el extremo sur del continente, con salida a dos océanos y presencia en la Antártida”, relató como quien ofrece a viva voz los saldos rebajados en una feria de “sumisión estratégica” regenteada por Donald Trump; y sin el más mínimo pudor mencionó el “Make America Great Again” (Hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande), si esta cronista no se equivoca, nunca nadie desplegó tanto cipayismo.
En Argentina, y toda América Latina, el término cipayo es de gran utilidad en el discurso político, pero vaya paradoja, no proviene del latín, sino que tiene sus orígenes en el persa sepahí (soldado), y fue usado en la India colonial para denominar a los mercenarios. En el Atlántico sur, también les decimos, más lisa y llanamente, traidores vendepatrias.
Volviendo a su discurso y anuncios, se debe decir, que fueron mediados por innumerables insultos, descalificaciones, groserías, acusaciones y una perversidad humillante destinada centralmente a la oposición parlamentaria y a todo el universo político que reivindique la Justicia Social y piense a la Argentina, como Estado-Nación Soberana.
Todo indicaba entonces, que el hemiciclo del Palacio Legislativo estaba dispuesto para transmitir lo que podría ser el primer acto o muestra de la Nueva Grotesca Criolla, no hablamos de aquel género que supo surgir en Buenos Aires, allá por 1920, fusionando el sainete español y la tragedia griega, con personajes oprimidos, pobres, y desesperanzados, en conventillos de habitaciones lúgubres y asfixiantes.
No. Asistimos a una nueva y particular deformación de la realidad. Vimos y podremos ver, en una suerte de loopeo tecnológico y desgraciado de la historia nacional, a un elenco patético y monstruoso de una compañía llamada LLA, de los hermanos Milei, que envalentonada por los resultados de las intermedias de octubre pasado y los bombardeos en Oriente Medio, decidió mostrarse tal cual es por Cadena Nacional.
Cada acto fue una sucesión, muy bien pensada, de planos y encuadres para mostrar al personaje central (y a su elenco compuesto por bufonas, payasos y monigotes con una carga extra de maquillaje), amenazando al pueblo argentino y a sus representantes con un paquete de “90 reformas estructurales en 2026, para construir la arquitectura que tendrá el Estado argentino en los próximos cincuenta años, teniendo la moral Occidental como política de Estado”.
Es aquí donde surge inevitablemente una pregunta:
¿Habla Milei de la moral que encarnan en Occidente los dueños que aparecen en los archivos Epstein?
Atentos, que el ahora presidente, en sus campañas electorales, siempre fue un entusiasta promotor de la venta de todo(s); de las ideas de la libertad que según él deben habilitar la venta de un órgano particular, o de todo un ser humano. Así las cosas, adelantó que presentará ante el Congreso reformas en áreas como educación, justicia, economía, impuestos, código penal, código civil, sistema electoral, y defensa, entre otras.
Queda más que claro, que Milei tiene una planificación estratégica para destruirlo todo. Una vez más nos dice o grita cada uno de sus movimientos e inició el año ejecutando cada una de sus “reformas” para sostener su “modelo” económico. Disfruta, le gusta no sólo “ver llorar kukas”, parece también disfrutar de la quiebra de miles de empresas y comercios que sin la protección estatal están condenadas a desaparecer; “obtuvimos una industria pequeña, cara, dependiente del subsidio y con salarios en dólares raquíticos”, dijo, y arremetió contra empresarios que lo confrontaron por abrir las importaciones asfixiando a la producción nacional.
El presidente, parece estar convencido que con vociferar, descalificar y humillar le alcanza para hacer pasar sus 90 reformas y sostener su gobierno. Se apega al guión de una trama perversa. En el capítulo 2026, parece ya tener asignado el reparto, y el libreto está recargado de nombres y adjetivos que a muchos ya comienzan a aburrir.
En la lógica de la misógina política libertaria, todos son «ladrones y delincuentes», «terroristas y asesinos», y «tienen a su líder presa», le asignan a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien cumple prisión domiciliaria, el rol de la oponente o antagonista. Es ella, una vez más, la villana en una falsa narrativa que ya no se puede tolerar, ni sostener. No vale todo en la vida política e institucional de una República y sociedad democráticas.
Estamos sobre aviso, le queda ahora al peronismo, al centro e izquierdas del país, pensar y materializar un proyecto que consolide un programa político hacia al 2027, muchas son las críticas y autocríticas que se hicieron y restan hacer tras lo sucedido en el gobierno que encabezó Alberto Fernández.
Argentina, su historia, y los mártires de su pueblo merecen todos los esfuerzos necesarios para sacar a Milei, a sus socios y creadores de escena.
El gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, parece haber comprendido la obra montada el 1° de marzo en Callao y Rivadavia. Obra que seguirá perfeccionando la ultraderecha libertaria; también parece haber indicios de que en La Plata se dimensiona la gravedad del momento: caída estrepitosa del consumo, apertura importadora desenfrenada y el cierre de más de 21.000 empresas en dos años, con una pérdida de más de 300.000 empleos registrados.
La perspectiva 2026 es una sola: pagar la timba con el FMI, reprimarizar la economía y transitar una estanflación, con provincias quebradas, más pobres, menos clase media, y la agudización de cada uno de los flagelos que ya recorren el país.
A días de cumplirse 50 años del Golpe de Estado de la última dictadura militar, la convocatoria a la unidad nacional y federal está lanzada, y la moneda está en el aire.