La Libertad Avanza y el PRO avanzan hacia un acuerdo electoral, pero mantienen una disputa clave: qué hacer con las primarias. La Casa Rosada quiere eliminarlas; el macrismo evita comprometerse y utiliza la discusión como moneda de cambio para preservar espacios de poder.
La alianza entre La Libertad Avanza y el PRO tiene una paradoja difícil de disimular: ambos espacios hablan cada vez más de competir juntos en 2027, pero todavía no logran ponerse de acuerdo sobre una de las reformas electorales que más interesa al Gobierno de Javier Milei.
Las conversaciones entre los dos partidos avanzaron en las últimas semanas y ya existe una mesa política que se reúne periódicamente en la Casa Rosada. Sin embargo, la eliminación de las PASO continúa siendo un punto de fricción. Los dirigentes macristas no terminan de comprometerse con el proyecto libertario, mientras que el oficialismo necesita esos votos para avanzar con su reforma política.
El último encuentro volvió a mostrar esa tensión. Cristian Ritondo y Fernando de Andreis, representantes centrales del PRO en la negociación, se reunieron con Diego Santilli, Martín Menem y Eduardo "Lule" Menem. La novedad fue la aparición de Karina Milei, quien pasó por la reunión y pidió continuar trabajando en la construcción de un entendimiento hacia 2027.
Pero cuando llegó la hora de hablar de las PASO, el acuerdo volvió a quedar en suspenso.
Una reforma que Milei considera estratégica
Para la Casa Rosada, la eliminación de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias no es simplemente una discusión administrativa sobre el calendario electoral. Forma parte de una estrategia política más amplia para llegar a las elecciones de 2027 con un escenario favorable para la reelección presidencial.
Karina Milei convirtió la reforma electoral en uno de los objetivos centrales de la agenda parlamentaria. El Gobierno pretende acelerar su tratamiento en el Congreso y apunta a que la discusión pueda darse durante septiembre o, como máximo, octubre.
La eliminación de las PASO también modifica la lógica con la que los partidos deberán resolver sus candidaturas. Sin primarias obligatorias, las internas se trasladan hacia el interior de cada espacio y las negociaciones por las listas adquieren todavía mayor importancia.
Ahí aparece el problema para el PRO.
El partido de Mauricio Macri no quiere regalar una herramienta de negociación antes de conocer cómo será el reparto electoral. En particular, pretende conservar capacidad de decisión en distritos donde todavía mantiene estructuras políticas propias, especialmente la Ciudad de Buenos Aires.
El PRO juega sus cartas
Mientras desde la Casa Rosada transmiten confianza respecto de un eventual acompañamiento del PRO, los dirigentes macristas mantienen una posición mucho más prudente.
Ritondo evitó anticipar el voto de su bancada sobre la suspensión o eliminación de las primarias y sostuvo que el debate deberá darse a partir del proyecto que llegue al Congreso. Esa cautela contrasta con el optimismo oficialista, que pretende instalar la idea de que el acuerdo ya está prácticamente cerrado.
En el macrismo saben que su poder de negociación puede ser mayor mientras el Gobierno necesite sus votos.
Y por eso las PASO aparecen vinculadas a una discusión bastante más grande: quién conduce la eventual alianza opositora al peronismo y, sobre todo, quién decide las candidaturas.
El PRO pretende conservar un lugar relevante en el armado. La Ciudad de Buenos Aires es uno de los puntos más sensibles de la negociación. Allí gobierna Jorge Macri y el partido amarillo considera que la continuidad de su espacio en el distrito debe formar parte de cualquier entendimiento con Milei.
La cuestión tiene además una dimensión simbólica. Si La Libertad Avanza logra avanzar sobre el territorio porteño, podría terminar desplazando al PRO de uno de sus principales bastiones históricos.
Una alianza con demasiadas preguntas
En las reuniones realizadas durante agosto y septiembre, ambos espacios comenzaron a analizar la situación de diferentes provincias y a explorar posibles acuerdos territoriales.
Ritondo mencionó entre los distritos donde existen conversaciones más avanzadas a la provincia de Buenos Aires, los tres territorios gobernados por el PRO —Ciudad de Buenos Aires, Entre Ríos y Chubut—, además de Misiones y La Pampa.
Pero una cosa es conversar sobre alianzas y otra muy distinta es definir quién ocupará cada lugar en las listas.
Ese es el punto donde la relación entre libertarios y macristas puede empezar a complicarse.
El Gobierno necesita que el PRO acompañe sus reformas en el Congreso. El PRO, a su vez, necesita saber qué obtendrá a cambio de ese respaldo. Y ninguno de los dos quiere aparecer como el socio menor del otro.
La ecuación es todavía más compleja porque La Libertad Avanza no es un partido tradicional que simplemente esté negociando una alianza electoral: pretende convertirse en la principal fuerza de la derecha argentina y absorber buena parte del electorado que durante años tuvo al PRO como referencia.
Para Mauricio Macri, el problema es evidente. Una alianza con Milei puede permitirle al PRO conservar espacios de poder, pero también puede acelerar el proceso de pérdida de identidad política que comenzó con el crecimiento libertario.
Karina Milei, Macri y el difícil equilibrio
La creación de una mesa política conjunta fue presentada como una señal de acercamiento entre los dos espacios. El primer encuentro se produjo después de contactos entre Karina Milei y Mauricio Macri y estableció reuniones periódicas para coordinar cuestiones legislativas y electorales.
La presencia de Karina Milei en la última reunión tuvo un significado adicional.
La secretaria general de la Presidencia es una de las principales responsables del armado territorial de La Libertad Avanza y tiene bajo su órbita buena parte de la estrategia política del oficialismo. Su aparición buscó transmitir que la negociación con el PRO tiene respaldo directo de la conducción libertaria.
El mensaje fue conciliador: seguir trabajando y avanzar hacia un acuerdo.
Pero debajo de esa fotografía de unidad continúa existiendo una competencia silenciosa.
Milei quiere que el PRO se subordine a la estrategia libertaria. Macri busca evitar que su partido quede reducido a una estructura auxiliar de La Libertad Avanza.
Y las PASO se transformaron en uno de los primeros lugares donde esa disputa queda expuesta.
La paradoja de una alianza que todavía no existe
La escena política argentina empieza a mostrar una curiosa paradoja.
Mientras La Libertad Avanza y el PRO hablan de "blindar el cambio" y de construir un frente común para enfrentar al peronismo en 2027, ambos todavía negocian las condiciones básicas de esa sociedad.
La eliminación de las PASO funciona, en ese sentido, como una pequeña muestra de una discusión mucho mayor.
¿Quién conduce?
¿Quién define las candidaturas?
¿Quién conserva sus territorios?
¿Quién ocupa los primeros lugares de las listas?
Y, finalmente, ¿quién será el socio y quién terminará convertido en acompañante?
La Casa Rosada necesita avanzar con la reforma política. El PRO necesita conservar capacidad de negociación. Entre ambos existe un objetivo común —evitar que el peronismo recupere terreno en 2027—, pero también una competencia por el liderazgo de ese espacio político.
Por ahora, las reuniones continúan, las fotografías de unidad se multiplican y los discursos hablan de acuerdos.
Pero las PASO siguen ahí.
Y mientras el oficialismo intenta eliminarlas, el PRO las mantiene como una de las últimas fichas que todavía puede colocar sobre la mesa de negociación.
El acuerdo entre Milei y Macri, por lo tanto, todavía tiene una condición pendiente: decidir si se trata de una alianza entre iguales o del desembarco definitivo del PRO dentro del proyecto libertario.
