El Presidente negó que la Argentina atraviese una recesión, defendió la evolución de los salarios y atribuyó el aumento del riesgo país a la oposición. En una entrevista televisiva también volvió a confrontar con periodistas, respaldó a Patricia Bullrich y reivindicó el rumbo económico de su gobierno.
Javier Milei volvió a salir al cruce de las críticas a su gestión con una batería de argumentos destinados a sostener el relato económico y político de la Casa Rosada. En una entrevista televisiva emitida el domingo por la noche, el Presidente negó que la Argentina atraviese una recesión, aseguró que los salarios reales son más altos y responsabilizó a la oposición por el aumento del riesgo país.
La intervención ocurrió después de su viaje a Estados Unidos y de su participación en la Asamblea General de Naciones Unidas, y antes de una nueva gira internacional que lo llevará a París. En el medio, el Gobierno enfrenta una agenda doméstica cargada de conflictos económicos, parlamentarios y políticos.
El discurso presidencial volvió a mostrar una característica que se repite en la comunicación oficial: frente a los cuestionamientos sobre los resultados del programa económico, Milei opta por reivindicar el rumbo elegido y cuestionar las mediciones, interpretaciones y actores que contradicen su diagnóstico.
“No hay recesión”, según el Presidente
Uno de los momentos centrales de la entrevista fue la discusión sobre la situación de la economía.
Milei rechazó la definición de recesión y sostuvo que existe una “desaceleración del ritmo de expansión”. También cuestionó los indicadores desestacionalizados y afirmó que, durante el último semestre, la economía se expandió 1,7 por ciento respecto del semestre anterior.
El planteo presidencial contrasta con los análisis que observan una pérdida de dinamismo de la actividad económica y con las señales provenientes de distintos sectores productivos.
La discusión no es solamente semántica. La definición sobre si existe o no una recesión implica distintas lecturas acerca del desempeño del programa económico y, sobre todo, sobre sus efectos en el empleo, el consumo y la producción.
Milei eligió defender su propia interpretación.
También aseguró que los salarios reales son más altos y sostuvo que existe un mayor nivel de bienestar. Frente a las críticas por la caída del consumo, afirmó que es falso que el consumo no crezca y utilizó como ejemplo el cambio en los hábitos de compra, con una mayor presencia de plataformas internacionales como Temu y Shein.
El riesgo país y el argumento de la oposición
Otro de los puntos abordados fue el aumento del riesgo país.
En lugar de atribuirlo a las condiciones financieras o a la percepción de los mercados sobre la economía argentina, Milei apuntó directamente contra la oposición. Según su interpretación, los inversores observan a dirigentes opositores y eso influye negativamente sobre la percepción del país.
El Presidente mencionó particularmente a Axel Kicillof y cuestionó el viaje del gobernador bonaerense a Nueva York.
La explicación forma parte de una disputa política más amplia. Mientras el Gobierno busca presentar la incertidumbre financiera como un problema asociado a la oposición, distintos actores del mercado evalúan variables como la capacidad de acumulación de reservas, el riesgo de refinanciamiento, la situación fiscal y las perspectivas de crecimiento.
La discusión sobre quién tiene responsabilidad por el comportamiento del riesgo país se convirtió así en otra dimensión de la batalla política.
La defensa del rumbo económico
Milei volvió a presentar su programa como una transformación estructural destinada a modificar el funcionamiento de la economía argentina.
En esa narrativa, la apertura comercial, la reducción del gasto público y la desregulación aparecen como herramientas para aumentar la productividad y generar crecimiento.
Al referirse a la inteligencia artificial, el mandatario sostuvo que puede funcionar como un potenciador de la productividad y vinculó esa mirada con las ideas económicas de Adam Smith. También mostró durante la entrevista una corbata que, según dijo, había pertenecido a Milton Friedman.
La escena sintetizó buena parte de su identidad política: referencias permanentes a economistas liberales, defensa de la desregulación y una lectura de la economía basada en la reducción de la intervención estatal.
Bullrich y una interna que no desaparece
La entrevista también sirvió para bajar el tono de la tensión con Patricia Bullrich.
Milei aseguró que su relación con la senadora es “excelente” y sostuvo que dentro del espacio liberal pueden existir distintas miradas sin que eso implique una ruptura. Según el Presidente, esas diferencias permiten mejorar la estrategia política.
La afirmación aparece después de varios episodios que expusieron diferencias entre Bullrich y sectores de La Libertad Avanza, especialmente en torno al funcionamiento del Congreso y a la estrategia parlamentaria.
La propia Bullrich viene utilizando una formulación que permite distinguir entre la continuidad del “proyecto” y la figura presidencial. Esa diferencia, aunque pueda parecer meramente discursiva, alimenta las especulaciones sobre el futuro de la alianza entre el oficialismo y sectores provenientes del PRO.
La interna, por lo tanto, no desapareció. El Gobierno busca contenerla mientras avanza hacia las próximas elecciones y mientras intenta preservar una mayoría legislativa que le permita sostener sus reformas.
La pelea permanente con la prensa
Otro capítulo de la entrevista estuvo dedicado a los periodistas y analistas políticos.
Milei volvió a utilizar un tono confrontativo para referirse a quienes cuestionan su gestión y afirmó que los analistas políticos son “chimenteros” con pretensiones de grandeza. También aseguró que nunca utilizó mecanismos de inteligencia contra periodistas ni los encarceló.
El enfrentamiento con los medios forma parte desde el inicio de su gestión de una de las dimensiones más visibles de su comunicación política.
En los últimos días, además, el Presidente incrementó sus apariciones públicas ante periodistas durante su viaje a Nueva York, en contraste con períodos anteriores en los que la comunicación presidencial estuvo fuertemente concentrada en canales oficiales y redes sociales.
La ONU, otra vez en el centro
Milei también defendió su discurso ante Naciones Unidas.
El Presidente reivindicó su intervención y sostuvo que pretende demostrar que el escenario internacional que cuestiona no coincide con su visión del futuro. En particular, volvió sobre su defensa de la inteligencia artificial y la desregulación económica.
La posición presidencial se produce después de un discurso en el que cuestionó el papel de los organismos internacionales, al mismo tiempo que la Argentina busca respaldo financiero y político de Estados Unidos y otros actores internacionales.
Esa combinación constituye una de las características del actual esquema de política exterior: cuestionamiento de determinados organismos multilaterales y, simultáneamente, búsqueda de alianzas estratégicas con gobiernos y mercados considerados afines.
Un Gobierno que necesita sostener su propio relato
La entrevista dejó expuesta una tensión que atraviesa al oficialismo.
Por un lado, Milei sostiene que el programa económico está produciendo una transformación estructural y que los indicadores sociales y salariales deben ser interpretados dentro de ese proceso.
Por otro, los cuestionamientos sobre actividad económica, consumo, riesgo país y situación productiva obligan al Gobierno a responder permanentemente sobre los resultados concretos de sus políticas.
La respuesta presidencial es reafirmar el rumbo y trasladar parte de la responsabilidad hacia sus adversarios.
Mientras tanto, la Casa Rosada enfrenta otros frentes: las negociaciones parlamentarias, la relación con gobernadores, la disputa interna con sectores que llegaron desde el PRO y las discusiones alrededor del Presupuesto y de las reformas electorales.
En ese escenario, Milei parece decidido a mantener intacto el núcleo de su discurso: el problema no estaría en el modelo, sino en quienes cuestionan su aplicación o pretenden regresar al pasado que el Presidente identifica como responsable de la decadencia argentina.
El desafío político será determinar hasta dónde esa narrativa consigue sostenerse frente a los datos económicos y a una sociedad que, más allá de las interpretaciones oficiales y opositoras, deberá evaluar en su vida cotidiana los resultados concretos de la transformación prometida.
