A pesar de que el precio de la hoja verde cayó un 45% en términos reales y hay sobrestock en los secaderos, el paquete de kilo no deja de subir. Radiografía de una cadena donde el eslabón más débil y el consumidor final son los únicos que pierden. Desde el sector piden se declare la Emergencia Agropecuaria.
Posadas / Buenos Aires.– La escena en las rutas de Misiones es de parálisis total. Camiones detenidos y asambleas de productores que han decidido, en pleno verano, dejar de cosechar. El reclamo es un grito desesperado: el pago que reciben por kilo de hoja verde apenas cubre el combustible para mover la maquinaria. Sin embargo, a mil kilómetros de los yerbales, en las góndolas de los hipermercados porteños, el panorama es el opuesto: los repositores cambian etiquetas semanalmente con precios que ya perforan el techo de los $7.000.
La brecha de la distorsión
¿Cómo es posible que el insumo básico baje y el producto final suba? La respuesta se encuentra en una combinación de desregulación estatal y concentración industrial. Desde que el Instituto Nacional de la Yerba Mate perdió su capacidad de fijar precios de referencia, el valor de la hoja verde quedó a merced de los grandes molinos.
Hoy, el productor recibe entre $180 y $300 pesos por kilo de hoja verde, una cifra que representa menos del 20% del valor final del producto. El resto del precio se "pierde" en una nebulosa de costos logísticos, impuestos y, sobre todo, en los márgenes de la intermediación.
Los tres factores que encarecen tu mate
La "Inflexibilidad" de la Góndola: Aunque la materia prima baje, los grandes supermercados y molinos argumentan que el aumento de las tarifas eléctricas (fundamentales para el secado y molienda) y el combustible impiden que el precio baje.
El Peso del Estado: El 40% de lo que pagás por cada termo de mate son impuestos. Entre el IVA, Ingresos Brutos y tasas municipales, el Estado se queda con una tajada mayor que la del propio productor que cultivó la planta.
El "Colchón" de las Marcas: Ante la incertidumbre económica, las empresas líderes prefieren mantener precios altos y resignar volumen de ventas, apostando a que el consumidor argentino es fiel a su marca de siempre, aunque le cueste el doble.
Un cambio de hábito forzado
La crisis ya se siente en el carrito del súper. Según aseguran consultoras de consumo masivo, la venta de paquetes de un kilo ha caído un 15% en el último semestre, siendo desplazada por el formato de medio kilo. "La gente comienza a optar por no mirar la marca, lo que mira es el estante de abajo buscando las segundas líneas o las yerbas importadas de Paraguay, que hoy compiten palmo a palmo en precio", explica un gerente de sucursal en una cadena líder.
Mientras los productores advierten que, de no declararse la Emergencia Agropecuaria, miles de familias abandonarán sus yerbales este año, el consumidor argentino se enfrenta a una realidad inevitable: el ritual más democrático del país se está volviendo un lujo de pocos.