¿Podrá el paro de la CGT frenar la "uberización" de Milei o consolidará la trinchera de Kicillof?

¿Podrá el paro de la CGT frenar la "uberización" de Milei o consolidará la trinchera de Kicillof?

Análisis de la última encuesta de CB Consultora: El pulso del Conurbano frente a la reforma laboral y el conflicto social.

A falta de urnas, buenas son las encuestas. El último informe de CB Consultora, publicado los últimos días, nos devuelve una radiografía política que es, en rigor, el mapa de guerra de cara a 2027. En el Gran Buenos Aires, el duelo entre Javier Milei y Axel Kicillof ya no es solo una disputa de modelos económicos; es un choque de fronteras geográficas y generacionales.

​La fortaleza del "último reducto"

​Los datos son elocuentes: Kicillof se impone en 20 de los 24 municipios del GBA. En el corazón de la Tercera Sección - distritos como La Matanza o Florencio Varela - el gobernador ha logrado blindar su imagen, transformando la gestión provincial en una suerte de "Estado tapón" frente al ajuste nacional. Para el peronismo bonaerense, el Conurbano no es solo un depósito de votos; hoy es su única certeza de supervivencia política.

​Por el lado de la Casa Rosada, los números deberían encender todas las alarmas. Milei enfrenta un diferencial negativo en los 24 distritos medidos por CB. Incluso en bastiones históricamente adversos al peronismo, como Vicente López o San Isidro, el Presidente camina sobre el filo de la navaja: la imagen negativa ya empata o supera a la positiva, sugiriendo que el discurso del "sacrificio necesario" está encontrando un techo muy bajo en el principal motor electoral del país.

​El debate de fondo / Reforma y juventud

Sin embargo, bajo la superficie de la imagen positiva, late un debate que fragmenta a la sociedad: la reforma laboral. Aquí es donde el mapa se vuelve más complejo que una simple división territorial o los números fríos de las encuestas.
​Este debate es el espejo donde se miran estas dos Argentinas. Para el universo de jóvenes que hoy reparten comida para las aplicaciones, manejan servicios de transporte o programan para el exterior, las advertencias de Kicillof sobre la "pérdida de derechos" suenan a un idioma antiguo; ellos nacieron y viven en la intemperie laboral desde hace años.

​Milei lo sabe y por eso acelera: su reforma no busca conquistar al obrero industrial clásico, sino institucionalizar la "flexibilidad" o precarización que la juventud ya habita, presentándola como "modernización". El gobernador Kicillof, en cambio, apuesta a que el golpe al bolsillo sea más fuerte que el deseo de autonomía y promesas vacías; parece estar intentando re-enamorar a una generación con un mensaje de  estabilidad para el trabajo  que hoy parece un lujo de otra época.

​Mientras la calle hierve, tras la media sanción de la Reforma en el Senado, el oficialismo debió retroceder sobre sus propios pasos para evitar una derrota humillante, esta misma semana, el Ejecutivo aceptó retirar el polémico artículo 44, que recortaba las licencias médicas, una 'línea roja' que incluso los bloques aliados se negaron a cruzar. Esta marcha atrás no solo revela la fragilidad de los acuerdos parlamentarios de Milei, sino que expone la paradoja de su gestión: la urgencia de sancionar una reforma 'fundacional' antes del 1 de marzo choca con la realidad de un Congreso donde cada voto tiene precio de oro. Para Kicillof y la oposición, estas idas y vueltas son la prueba de que el 'león' no es invulnerable cuando el debate baja de las redes sociales al texto frío de la ley o a las calles de Buenos Aires.

​El paro como juez

​El tablero, finalmente, no solo se juega en las planillas de Excel o en los despachos gubernamentales. El reciente llamado a un nuevo paro general por parte de la CGT actúa como el termómetro definitivo de esta tensión.

​Mientras la central obrera intenta canalizar el descontento de los sectores formales contra una reforma que consideran un retroceso de un siglo, el Gobierno apuesta a que la medida sea vista como el "último espasmo" de una vieja guardia que defiende privilegios y no empleos. El éxito o el fracaso de esta huelga será el principio del fin, de una etapa de incertidumbre y malestar de las y los argentinos; y será también  determinante para saber si el músculo sindical todavía tiene poder de fuego para frenar la agenda del ajuste de Javier Milei. Lo cierto, es que se abre un camino para que Kicillof reinvente su liderazgo más allá del resguardo de los gremios tradicionales.

​En esta pulseada,  será el Conurbano, una vez más, un actor inapelable de una Argentina que parece tener en las protestas la llave para salir de la desesperanza

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