Mientras la política argentina se divide en trincheras, Benito Martínez Ocasio, globalmente conocido como Bad Bunny, aterrizó en River Plate para recordarle al mundo que el poder blando de la cultura latina tiene sus propias reglas de juego en este 2026. Sin dudas, el clima de época no es otro que la rebeldía, la identidad y cómo los líderes (políticos o musicales) logran movilizar pasiones en un contexto de crisis profunda
No fue solo una serie de tres estadios agotados.
El paso de Bad Bunny por el Monumental este febrero de 2026 funcionó como un espejo de la época: un ritual de desconexión y, a la vez, un manifiesto político de alto voltaje. Ante más de 240.000 personas en tres noches, el "Conejo Malo" demostró que su influencia ya no se mide en plays, sino en su capacidad para articular el descontento de una región que se siente bajo ataque.
Entre Soda Stereo y el orgullo local
El show en Núñez tuvo momentos de una sensibilidad política inesperada. El punto máximo de comunión con el público argentino no llegó con un reggaetón, sino con una versión en clave salsa de "De música ligera". Al homenajear a Soda Stereo, Bad Bunny no solo se puso la "diez" del cancionero local, sino que validó la identidad del rock nacional frente a su gigantesca audiencia global. Junto a Cazzu como invitada de honor, el mensaje fue claro: la escena urbana no es un producto importado, es el nuevo folklore del asfalto.
El activista frente al "Muro"
Pero el Benito de 2026 es, ante todo, un líder de opinión. Tras su reciente y explosivo discurso en los Grammy, donde arremetió contra las redadas del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) en Estados Unidos, el artista trajo esa misma combatividad a Buenos Aires.
Su decisión de limitar sus shows en EE. UU. para no exponer a sus fans latinos a operativos migratorios ha sido su jugada política más audaz. En River, el grito de "No somos animales, somos humanos" resonó no solo como una defensa del migrante en el Norte, sino como una proclama de dignidad frente a cualquier sistema que intente deshumanizar al trabajador.
Dos caras de la misma moneda
Resulta paradójico - o quizás muy lógico - que mientras la dirigencia política local discute reformas laborales, cientos de miles de jóvenes encuentren su sentido de pertenencia en el rito colectivo de River.
Bad Bunny entiende lo que a muchos políticos les cuesta procesar: que la identidad latina hoy se construye desde la resistencia cultural. Al final del día, tanto el fervor en el Monumental como la tensión en las encuestas, hablan de lo mismo: una sociedad que busca desesperadamente un relato que la proteja, aunque sea en los versos de un artista que decidió no callarse nada.
