La escalada fascista que asedia al Caribe
Especial de Argentina 24
Desde la injerencia de Estados Unidos en Venezuela para secuestrar y encarcelar al presidente Nicolás Maduro, el pasado 3 de enero, no solo cambió el mapa social, político y económico de Venezuela; la intervención estadounidense significó también un golpe brutal para las más de 10 millones de personas que viven en Cuba.
La Isla, no solo enfrenta su peor crisis energética desde que triunfó la Revolución en 1959 y derrocó a la dictadura de Fulgencio Batista, sino que asiste a una suerte de vulnerabilidad histórica, producto de las inhumanas medidas del régimen imperial de Donald Trump. Cuba es considerada ahora “una amenaza para su seguridad nacional de los Estados Unidos”. Desde la isla la respuesta es clara y sin rodeos: Cuando Estados Unidos habla de “seguridad nacional”, en realidad se refiere a la “seguridad imperial” de la clase dominante de ese país.
Para los analistas cubanos, el propósito es la hegemonía, no los intereses nacionales. “La amenaza de Cuba es su independencia, su soberanía, su ejemplo, el símbolo. Lo demás es pura construcción, razón propagandística para justificar la hostilidad y fabricar un enemigo inexistente, afirma Elier Ramírez Cañedo en su columna de opinión para el Granma.
“Trump continúa suicidándose políticamente, poniéndole oído a una figura tan siniestra y oportunista como Marco Rubio, abanderado de una fauna de Miami, que como hiena destila odio y rabia por todos los poros. Su política hacia Cuba es un total fracaso, atenta contra los legítimos intereses de seguridad nacional de Estados Unidos. Los manotazos de ahogado de Trump no podrán esconder el colapso acelerado que vive Estados Unidos bajo el gobierno imperial. El pueblo de Estados Unidos está indignado, los pueblos del mundo también”, sentencia con firmeza Ramírez Cañedo.
Es sabido que Estados Unidos, desde el año 1962 sostiene un bloqueo comercial, financiero y diplomático sobre Cuba, son más de sesenta años de una violación sistemática a los derechos inalienables del pueblo cubano. Fueron seis largas décadas de impunidad imperial las que permitieron que sanciones principalmente comerciales y financieras violen los derechos más elementales y concernientes a la vida misma de generaciones enteras.
Jamás toleraron que la única revolución hablada en castellano se diera en las márgenes mismas de su imperio, y que sus armas de defensa más potentes hayan sido salud y educación. No perdonan que un pueblo tan humilde como glorioso se piense y construya su propio camino buscando de manera colectiva la prometida justicia social.
Para los cubanos, sostener ese proceso histórico, político y cultural se transformó en una causa nacional y pasó a ser causa de muchos otros pueblos oprimidos por el imperialismo colonial. A lo largo de los años, la heroica lucha cubana fue y es una fuente de inspiración conmovedora, es la utopía, la imaginación al poder y la creatividad para enfrentar y resistir cualquier amenaza.
Hoy, Cuba nos necesita. Es tiempo de reforzar eso que nos hace sentir parte de la potencia de nuestra tan rica como injusta región. En la Patria Grande, sabemos que somos millones los que en este mundo atesoramos la emblemática figura del comandante Ernesto “Che” Guevara, con su legado de ejemplo de comunista y de pasión revolucionaria.
En Argentina como no recordar aquella visita de Fidel, al asumir la presidencia Néstor Kirchner. Con su discurso que conmovió hasta las lágrimas, desde las escalinatas de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, denunció el bloqueo económico a su país, la deuda externa argentina, el escenario internacional tras la invasión a Irak, y su orgullo al afirmar que Cuba no poseía “armas de destrucción masiva”, sino médicos y científicos.
Fidel se despidió de Argentina con un mensaje de hermandad, de solidaridad, y nos dejó también la certeza de que “un mundo mejor es posible”.
Hablemos de Cuba, repasemos la historia, comencemos a poner en diálogo sus tensiones, su cultura, sus aportes en esta contemporaneidad que duele, así como duelen Palestina, Venezuela o Malvinas.
Es preciso denunciar que las distintas administraciones o regímenes que gobernaron los Estados Unidos, fueron perfeccionando con más o menos saña, “ su dispositivo de bloqueo”, a una Cuba que hizo y hace enormes esfuerzos para abrazar el comunismo y desarrollarlo absolutamente condicionada por la inhumana y decadente elite de norteamericana.
Crearon específicamente un programa de sanciones económicas: Cuban Assets Control Regulations (Regulaciones para el Control de Activos Cubanos -CACR- 1963); estas sanciones fueron la respuesta de los gobiernos de Eisenhower primero, y Kennedy después, a la Revolución Cubana, y a la llamada Crisis de los Misiles, para restringir el acceso del legítimo gobierno revolucionario a los dólares estadounidenses.
Se congelaron los activos, es decir, se bloquearon todas las propiedades y activos dentro de Estados Unidos pertenecientes al gobierno cubano y a los ciudadanos cubanos. El embargo financiero y comercial, implicó e implica la prohibición de todas las transacciones financieras como pagos y demás operaciones del comercio de importaciones y exportaciones con Cuba.
El bloqueo turístico o ley Torricelli (Ley para la Democracia en Cuba de 1992), sancionada en el gobierno de Georg Bush refuerza el bloqueo económico y establece que los barcos que atraquen en puertos cubanos no pueden ingresar a puertos de Estados Unidos durante 180 días posteriores, medida que afectó directamente a la industria turística. Esta ley prohíbe también a filiales de empresas estadounidenses en el extranjero comerciar con Cuba y habilita sanciones contra terceros gobiernos que brinden asistencia a la isla.
Si bien, lograron el aislamiento internacional de Cuba, no pudieron forzar un cambio de gobierno. Pero esta flagrante violación al comercio internacional y a la navegación sólo fue posible gracias a la complicidad siniestra de otros imperialismos y potencias que miraron y miran hacia otro lado.
Entre 1.996 y 2.019 los amigos íntimos de Jeffrey Epstein, Bill Clinton y Donald Trump, se valieron de la Ley Helms-Burton (Cuban Liberty and Democratic Solidarity Act) para convertir en un verdadero andamiaje de legislación federal el entramado de sanciones de bloqueo a Cuba, limitando duramente las facultades del Poder Ejecutivo para revertir las sanciones sin intervención del Congreso de EEUU. Si bien algunas presidencias que sucedieron a Clinton flexibilizaron esta ley, suspendiendo la aplicación de algunos títulos, fue Trump quien en 2019 la puso en vigencia completamente.
Ahora, el presidente que se dedica a perseguir y atacar niñas y niños con “la migra” (así es como se conoce al Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de los Estados Unidos o ICE), arremete con un mortal bloqueo energético, impidiendo de manera definitiva el acceso de Cuba al petróleo importado.
Trump, se apropia del petróleo venezolano y amenaza con aranceles a México si proporciona de crudo al gobierno cubano. De este modo, el régimen fascista que se instaló en la Casa Blanca, busca eliminar el último gran pulmón económico de la Isla, dejando al gobierno del presidente Miguel Díaz-Canel en lo que muchos analistas llaman el "Colapso Total", superando incluso la precariedad del periodo sufrido en la década de 1.990.
A decir del mismísimo Trump: “No creo que se pueda ejercer mucha más presión en Cuba, salvo entrar y destrozar el lugar sin piedad”. Aberrante.
Todo indica que pasamos de ser zona de paz a una peligrosa zona de disputa interimperialista, en un nuevo reparto de los bienes naturales y recursos críticos del planeta. Una especie de vuelta de tuerca o espiral absolutamente fascistizada que no se detuvo ni un solo instante.
Sólo en lo que va del siglo XXI se produjeron invasiones de larga duración en Afganistán (2.001-2.021), Irak (2.003-2.011); y fueron víctimas de sus “intervenciones” militares Libia (2.011) y Yemen (2.025). Un capítulo aparte, merecen los ataques y el genocidio desatado en Siria (2.011-2.026), según estimaciones de la ONU y reportes periodísticos de agencias internacionales, sólo hasta el año 2.023 fueron más de 600.000 las personas muertas; el número real se sabe que es mucho más alto, pero la ferocidad de los ataques y el nivel de destrucción, hicieron imposible tener cifras precisas.
En el caso de Palestina, debemos decir que Estados Unidos brindó apoyo financiero, naval y aéreo a su socio Netanyahu para que Israel pudiera perpetrar múltiples ataques (2.023-2.026), dejando sin vida alrededor de 70.000 palestinos y una Gaza absolutamente devastada. Son más de 660.000 las niñas y niños que tras la ofensiva israelí se ven privados de educación, porque uno de los principales blancos fue la red de infraestructura escolar; distintos especialistas coinciden en que ésta es simplemente una “generación perdida”. A los bombardeos a edificios escolares, le siguieron los edificios de salud, viviendas, museos, sitios religiosos, zonas de cultivo, redes de agua, energía eléctrica y red de caminos.
Esta brutalidad despiadada desembarcó en enero en El Caribe. Como ya dijimos, al anuncio lo hizo Donald Trump, quien quiera oír que oiga. No está solo, cuenta con el apoyo de distintos mandatarios de la región y tiene en el gobierno de Javier Milei a un socio que promete honrar a los genocidas de ayer y de hoy. En este escenario, Argentina se prepara para conmemorar el 24 de marzo a las víctimas de la última dictadura militar que hace 50 años atrás perpetró los más atroces crímenes de lesa humanidad con un doloroso saldo de 30.000 detenidos-desaparecidos.
Norteamérica dio un giro, orientó sus drones y armamento hacia nuestra región, Su primer acto: Venezuela, e inmediatamente después Cuba. ¿Quién sigue en la lista?
Ante el asedio y asfixia a Cuba, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, emitió declaraciones y fue su vocera Marta Hurtado, quien salió a expresar desde Ginebra que están “sumamente preocupados por la crisis socioeconómica cada vez más profunda en Cuba, en medio de un embargo financiero y comercial que dura décadas, fenómenos meteorológicos extremos y las recientes medidas estadounidenses que restringen los envíos de petróleo. Esto está teniendo un impacto cada vez más severo en los derechos humanos de la población en Cuba”, afirmó la alta funcionaria de una ONU desdibujada y sin la más mínima incidencia en el concierto internacional.
“Dada la dependencia de los sistemas de salud, alimentación y agua de los combustibles fósiles importados, la actual escasez de petróleo ha puesto en riesgo la disponibilidad de servicios esenciales a nivel nacional. Las unidades de cuidados intensivos y las salas de urgencias están comprometidas, al igual que la producción, administración y almacenamiento de vacunas, productos sanguíneos y otros medicamentos sensibles a la temperatura”, afirman desde la oficina de Volker Türk, describiendo la violación de derechos de la que son víctimas principalmente niñas, niños y adolescentes.
Casi a modo de súplica, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, intenta interpelar al gobierno de Trump y al resto del mundo, recordándoles que “el acceso a bienes y servicios esenciales, incluyendo alimentos, agua, medicinas, combustible y electricidad adecuados, debe siempre protegerse, ya que son fundamentales en las sociedades modernas para el derecho a la vida y la capacidad de gozar de muchos otros derechos”, y que el impacto prolongado y sostenido de las sanciones sectoriales crea dificultades económicas y debilita la capacidad del Estado para cumplir con sus responsabilidades principales.
Además, adelanta que “esto aumenta el riesgo de alimentar la disrupción social en Cuba”, responsabilizándola de la situación de catástrofe a la que la sometieron: “El Estado, por su parte, debe asegurarse de estar preparado para responder conforme al derecho internacional de los derechos humanos, prestando atención a las necesidades de los más vulnerables y priorizando la mediación, la desescalada y la salvaguardia de los derechos a la libertad de reunión y expresión pacífica para todos”; con estas declaraciones de Türk, la ONU salió a reiterar su “llamamiento a todos los Estados para que levanten las medidas sectoriales unilaterales, dado su amplio e indiscriminado impacto en la población. Los objetivos políticos no pueden justificar acciones que por sí mismas violen los derechos humanos”, afirman.
A la desfazada voz del Comisionado le podemos sumar otras voces de la ONU que denunciaron en enero “la decisión unilateral de Estados Unidos de poner a Venezuela temporalmente bajo su control”, para apropiarse de su petróleo y demás bienes naturales, y que ahora sólo logran alarmarse con el consiguiente ataque a Cuba. Denuncian la violación al derecho internacional y a los derechos humanos, incluido el derecho a la libre determinación, consagrado en el Artículo 1°, tanto del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP), como en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC), a los que todos los Estados parte suscribieron tras las atrocidades sufridas por la humanidad durante la Primera y Segunda Guerra Mundial.

La "Opción Cero" y la Resistencia Creativa
Tras el cierre de los grifos de las petroleras PDVSA (Venezuela) y la retirada de PEMEX (Mexico) ante las presiones de Washington, el gobierno de Miguel Díaz-Canel ha activado el plan Opción Cero, en todo el país. Con la crisis energética, todo el oriente (Santiago de Cuba y Guantánamo) sufre un apagón casi perpetuo. La tracción animal ha reemplazado oficialmente al transporte motorizado en el 60% de las provincias. Más del 80 por ciento de los equipos de bombeo de agua dependen de la electricidad, y los cortes de luz están socavando el acceso al agua segura, al saneamiento e higiene de la población. Con la escasez de combustible se ha alterado el sistema de racionamiento y la cesta básica regulada, y se han afectado todas las redes de protección social: alimentación escolar, residencias de maternidad y residencias de los grupos más vulnerables.
Desde Buenos Aires, el canciller Pablo Quirno ha emitido una alerta roja, recomendando a los ciudadanos argentinos no viajar a Cuba debido al colapso de los servicios esenciales y la falta de combustible para aviación.
Toda la diplomacia de Latam se debate entre la Autodeterminación de los Pueblos, pilar del Derecho Internacional, que establece que cada nación tiene derecho a elegir su sistema político sin injerencia externa, y sin el Intervencionismo del águila imperial.
El intento de resistencia regional, de países como Brasil, México y Colombia, advirtiendo que el bloqueo total de combustibles viola los derechos humanos básicos del pueblo cubano, y que forzar un cambio de régimen mediante el hambre y la oscuridad contraviene los tratados internacionales, no parece tener mucho eco hasta ahora.
Las agencias internacionales reportan que la situación en las provincias orientales y en la propia Habana ha cruzado el umbral de la crisis para entrar en el de la catástrofe humanitaria. Sin electricidad para bombear agua ni refrigerar vacunas, y con el hambre azotando los hogares, el riesgo de un estallido social masivo es inminente, aseguran. Aunque el gobierno cubano pide a su pueblo resistir con creatividad, como ya lo hicieron en muchos otros momentos, la situación es muy difícil.
Desde La Habana, el discurso es claro: la falta de antibióticos en Santiago de Cuba o el colapso del transporte en Holguín no son fallas del modelo, sino consecuencias de una "guerra económica ilegal". Para los cubanos, la autodeterminación es el derecho a mantener su sistema político a pesar de la presión externa.
Las tiendas en MLC (moneda libremente convertible) son las únicas que tienen productos básicos, pero la mayoría de la población no tiene acceso a divisas. La libreta de abastecimiento apenas cubre una fracción mínima de las necesidades nutricionales.
Conforme pasan los días, el sistema de salud, antaño orgullo del país, sufre una falta crítica de insumos básicos (gasas, jeringas, antibióticos). La mortalidad infantil ha subido a niveles no vistos en décadas (9.8 por cada mil nacidos vivos), y se estima que en los últimos cinco años cerca de 1.5 millones de personas (el 13% de la población) han abandonado la isla.
Cuba y la admirable solidaridad de Claudia Sheinbaum
Cuba se encuentra en una "espera tensa". Por un lado, Estados Unidos ha incrementado la presión para forzar la salida de Díaz-Canel; por otro, el gobierno cubano ha dado señales de estar dispuesto a negociar bajo una asfixia económica total. Su postura parece evolucionar asediado por la presión imperialista de Trump y el colapso energético en la isla.
En la Fase de "Resistencia y Denuncia", en enero de 2.026, tras la captura de Maduro, el presidente Díaz-Canel adoptó un tono combativo, calificando el evento como un "ataque criminal" y "terrorismo de Estado". En sus redes sociales y medios oficiales, proclamó que Cuba no se rendiría y llamó a la movilización internacional para defender la "Zona de Paz" en América Latina y El Caribe.
Un segundo momento, podría denominarse como el "Baño de Realidad u Opción Cero”, ya en febrero, tras un mes sin el crudo venezolano y bajo la amenaza de aranceles de Estados Unidos a otros proveedores como PEMEX. El tono discursivo del gobierno cambió hacia una cruda aceptación de la crisis. Son "Tiempos muy difíciles", aseguró el 5 de febrero, en un mensaje televisado, un Díaz-Canel que admitía que el país enfrentaba un escenario de "cero combustible".
Ante el inminente colapso, y a merced de la solidaridad internacional se anunciaron las “Medidas de guerra”, esta es una tercera etapa, en la que se vieron obligados a implementar la semana laboral de cuatro días, el teletrabajo obligatorio y la reducción de horarios escolares para ahorrar energía. Ha pasado a regir el concepto de "Opción Cero", una estrategia de supervivencia extrema que implica autosuficiencia total y parálisis de actividades no esenciales.
Presionado por el ultimátum de la Casa Blanca (que sugirió que Díaz-Canel debería buscar asilo en Rusia o Irán para evitar el destino de Maduro), el mandatario cubano hace una oferta de diálogo, el 6 de febrero. Allí, Díaz-Canel declara que Cuba está lista para un "diálogo sin prerrequisitos" con Washington, siempre que se respete la soberanía de la Isla.
Mientras ofrece negociar, también ha ordenado preparar al país para un posible "estado de guerra", manteniendo la firme retórica del Partido Comunista que sigue manteniendo el control, en base a un diseño de supervivencia extrema que originalmente ideó Fidel Castro en 1990 ante el colapso de la Unión Soviética, y que Miguel Díaz-Canel ha reactivado oficialmente, en términos sencillos: es el plan para funcionar sin petróleo importado.
Parálisis y "Compactación" del Turismo, por primera vez en décadas, el gobierno ha admitido que no puede mantener abiertos todos sus polos turísticos, con cierre de hoteles y clausura temporal de instalaciones en Varadero y los Cayos del Norte. Los pocos visitantes que quedan (principalmente rusos y canadienses) están siendo concentrados en un puñado de hoteles para ahorrar electricidad y climatización. Las Aerolíneas como Air Canada han suspendido rutas, enviando aviones vacíos solo para repatriar a sus ciudadanos ante la falta de combustible en los aeropuertos cubanos.
El plan contempla la sustitución de maquinaria por métodos manuales o animales para evitar que la producción de alimentos se detenga por completo. La agricultura vuelve al uso masivo de bueyes para el arado. Se fomentan las "carretas de caballos" como transporte público oficial en provincias y se redujeron de forma drástica los buses interprovinciales, los trenes nacionales ahora solo viajan una vez por semana.
Para reducir el consumo en oficinas estatales y escuelas se pasó a la educación semipresencial, muchas universidades y escuelas han pasado a un modelo de "clases por televisión" o guías de estudio para evitar el traslado de estudiantes y el gasto de luz en las aulas.
El gobierno ha comenzado a fomentar el uso de leña y carbón vegetal en los hogares ante la imposibilidad de garantizar gas licuado o electricidad para cocinar. Es un verdadero “Racionamiento de "Guerra", el Plan Opción Cero prioriza el combustible restante solo para hospitales y centros de salud (aunque ya reportan limitaciones críticas); y para el funcionamiento de las fuerzas de seguridad. Los Bancos y centros de pago digital también funcionan para intentar mantener viva la escasa circulación monetaria.
La gran pregunta que flota en el aire es si el país puede aguantar entre de 6 u 8 semanas bajo estas condiciones antes de un colapso humanitario total.
Siguiendo los reportes más recientes de agencias internacionales como Reuters, AFP e Infobae, las provincias orientales de Cuba (Santiago de Cuba, Guantánamo, Holguín y Granma) se han convertido en la "zona cero" del colapso energético y social de la isla.
A diferencia de La Habana, que recibe una protección relativa por ser la capital, el oriente del país ha sufrido una caída casi total de la red eléctrica. El pasado 5 de febrero se reportó un fallo masivo que dejó a más de 3.5 millones de personas en total oscuridad en las provincias del este. Santiago de Cuba, la segunda ciudad más importante del país ha pasado días enteros sin luz.
Reuters indica que los servicios básicos, incluyendo el bombeo de agua, se han detenido debido a la falta de combustible para los generadores de emergencia. Los reportes internacionales son alarmantes respecto a la red de hospitales en estas provincias que no tuvieron otra opción que suspender cirugías electivas y consultas externas. La falta de agua potable y la imposibilidad de refrigerar alimentos y medicación están provocando un repunte de enfermedades diarreicas y brotes infecciosos que el sistema tiene dificultades para contener.
A la asfixia imperial, se debe sumar el desastre natural que azotó en estas provincias. Sin poder recuperarse del paso del Huracán Melissa (noviembre de 2025), que destruyó infraestructuras clave y dejó a miles de personas en viviendas precarias, con falta de materiales de construcción y sin energía la reconstrucción se torna nula.
La postura de Estados Unidos ante la crisis humanitaria en Cuba es de una "asfixia calculada". La crueldad que caracteriza al régimen de Trump, con el secretario de Estado Marco Rubio liderando la estrategia regional, ha dejado claro que el objetivo final es forzar un cambio de gobierno antes de que termine el año, utilizando la crisis energética como arma definitiva.
Con este panorama la “Ayuda Humanitaria Directa” pasa a ser central para mitigar los sufrimientos del pueblo y para romper el bloqueo energético como "coerción extrema" diseñado por Washington. La ONU canaliza vía la Iglesia Católica 9 millones de dólares en ayuda humanitaria (alimentos, kits de cocina y linternas solares), que se distribuyen exclusivamente a través de la Iglesia Católica y ONG locales independientes. Es la condición que impuso Estados Unidos, que se niega a entregar cualquier recurso directamente al Estado cubano, alegando que Díaz-Canel utiliza la ayuda como herramienta de control político.
La Casa Blanca admite que la situación es la más grave desde la Crisis de los Misiles de 1962, pero insiste en que la crisis es responsabilidad de la "mala gestión y terquedad" del Partido Comunista, y a modo de ultimátum ofrece "llegar a un acuerdo antes de que sea demasiado tarde", sugiriendo que el tiempo para una salida negociada se agota a medida que los apagones en el oriente de la isla se vuelven permanentes.
En suma, Washington no busca aliviar la crisis a través del diálogo con el gobierno actual, sino gestionar la crisis humanitaria de forma externa mientras mantiene el cerco energético para forzar un colapso.
La respuesta de la región ante el bloqueo energético a Cuba ha sido de una profunda división y cautela, marcada por el miedo a las represalias comerciales de Trump y la preocupación por una posible crisis migratoria masiva. En este contexto, México ha sido el actor más afectado por el giro de Washington, y hasta enero de 2026, era el principal "salvavidas" petrolero de la isla.
Pero ante la amenaza de Trump de imponer un arancel del 25% a todos los productos mexicanos si no detenían el apoyo a Cuba, el gobierno de México anunció el 27 de enero la suspensión indefinida de los envíos de PEMEX. La presidenta Claudia Sheinbaum, si bien prioriza el T-MEC (Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá), en foros internacionales como la OEA, ha criticado lo que llama "el uso de la energía como arma de guerra", en un verdadero desafío diplomático al gobierno de Trump, el pasado jueves 12 de febrero, buques de la Armada de México atracaron en la bahía de La Habana, siendo recibidos con un despliegue mediático importante por parte del gobierno cubano.
Se trata de dos embarcaciones de la Secretaría de Marina (SEMAR) que partieron del puerto de Veracruz, el ARM Papaloapan (A-411), que transportó la mayor parte de la carga, aproximadamente 536 toneladas compuestas por aceite vegetal, arroz, frijol, atún en conserva y productos de higiene personal.
En cuanto al buque Isla Holbox (BAL-02), de apoyo logístico, trasladó exclusivamente 277 toneladas de leche en polvo, un insumo crítico ante la escasez extrema de alimentos para niñas y niños en la isla. El cargamento conjunto superó las 814 toneladas de asistencia humanitaria.
Con esta muestra inmensa de solidaridad y firmeza política, la presidenta de México ha mantenido una línea de "solidaridad histórica", y desafío a los Aranceles. Este envío ocurre apenas dos semanas después de que Donald Trump amenazara con aranceles a los países que suministren petróleo a Cuba. Sheinbaum ha optado por enviar alimentos (ayuda humanitaria pura) en lugar de crudo, aunque ha ofrecido mediar en una negociación.
Según reportes de agencias como EFE, parte de la entrega se coordinó para ser distribuida a través de Cáritas Cuba, cumpliendo así con una de las exigencias de Washington: que la ayuda llegue directamente a la población sin pasar únicamente por las manos del Estado.
La Reacción en la Isla fue de agradecimiento, Miguel Díaz-Canel agradeció públicamente a través de sus redes sociales: "Gracias, México. Gracias, querida Claudia Sheinbaum. Las ayudas humanitarias de nuestros hermanos mexicanos valen no solo como carga material; en ellas viaja la solidaridad y la historia de soberanía."
Aunque 800 toneladas son un alivio bienvenido, los analistas locales señalan que esto apenas cubre el consumo de una semana para una parte mínima de la población. No obstante, México ya anunció que hay 1.500 toneladas adicionales de frijol y leche listas para ser enviadas en los próximos días. La presidenta Sheinbaum ha jugado una carta arriesgada. Aunque detuvo el envío de petróleo para evitar los aranceles de EE. UU. (una concesión pragmática), ha duplicado la apuesta en lo humanitario.
Chile y Rusia: Dos respuestas opuestas
Si bien, ha confirmado el envío de ayuda humanitaria desde el fondo chileno contra el hambre, su postura es quirúrgica: "Esto no es apoyo político, es salvar vidas", afirmó el presidente Gabriel Boric, en busca de desmarcarse ideológicamente de Díaz-Canel mientras critica el bloqueo energético de EE.UU. como un "atentado a los derechos humanos".
Rusia en cambio, en un desafío geopolítico, fue más allá. El 12 de febrero, el Kremlin confirmó que está evaluando enviar petróleo "humanitario" utilizando su llamada "flota fantasma" (tanqueros que operan fuera de los radares occidentales). Si los buques rusos intentan romper el cerco, podríamos estar ante un escenario de fricción militar en el Caribe no visto en décadas.
La respuesta desde la Casa Blanca no se hizo esperar. Trump ha sido fiel a su estilo directo: "Cuba está a punto de caer. No necesitamos intervenir militarmente, simplemente caerá porque no tienen ingresos. Les recomiendo que lleguen a un acuerdo antes de que sea demasiado tarde". Washington vigila de cerca los movimientos de México. Aunque ha permitido la entrada de alimentos vía Cáritas, Marco Rubio ha advertido que cualquier intento de enviar combustible —como pretende Rusia o sugiere México— será castigado con el cierre total de fronteras comerciales.
Mientras tanto, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, y la Embajada de Rusia en La Habana confirmaron que Moscú prepara un envío inminente de crudo y derivados. La estrategia legal de Rusia es enviar el combustible bajo la categoría de "ayuda humanitaria". Al igual que México con los alimentos, Moscú busca utilizar este vacío legal para argumentar que el suministro no es una transacción comercial sancionable, sino una respuesta a la "situación realmente crítica" que atraviesa la isla.
El Ministerio de Desarrollo Económico ruso señaló a la agencia Izvestia que "Se espera que Rusia pronto suministre petróleo a Cuba como ayuda humanitaria para mitigar los efectos de la política asfixiante de Estados Unidos". Pero pese a la promesa de combustible, Rusia ha tomado una medida drástica que contradice el optimismo del gobierno cubano y ordenó la evacuación de sus ciudadanos. Moscú ha recomendado, además, a sus nacionales no viajar a Cuba y ha organizado vuelos especiales para repatriar a los aproximadamente 5.000 turistas rusos que aún permanecen en la isla.
Aerolíneas como Aeroflot y Rossiya suspenderán sus rutas regulares a partir del 24 de febrero debido a la imposibilidad de repostar combustible en los aeropuertos cubanos. Este movimiento sugiere que el Kremlin no cree que su propio "petróleo humanitario" llegue a tiempo para normalizar la situación aeroportuaria.
Tal vez, por esto Dmitri Peskov fue cauteloso al ser consultado sobre si este envío desataría una guerra comercial con la Casa Blanca: "Nosotros no querríamos ninguna escalada. Buscamos un diálogo constructivo, aunque es imposible discutir estos temas de manera pública en este momento", enfatizó el secretario de Prensa del presidente Vladimir Putín.

China, la rescatista estratégica.
En cuanto a China, es fundamental entender que ha adoptado un rol de un "rescatista estratégico" extremadamente cauteloso. Mientras Estados Unidos, cerraba el cerco tras la caída de Maduro, Pekín fue el primero en reaccionar con recursos tangibles para evitar un colapso humanitario inmediato: El 22 de enero, Xi Jinping aprobó una partida de 80 millones de dólares en ayuda directa, y envió 60.000 toneladas de arroz (el alimento base de la dieta cubana) para intentar frenar la hambruna en las provincias más críticas del oriente.
Ante el colapso hospitalario, han llegado cargamentos chinos con kits de reanimación y antibióticos, destinados a las unidades de urgencias. El portavoz de la Cancillería china, Lin Jian, ha sido la voz oficial ante la crisis. Su retórica se basa en dos pilares, por un lado, condenar el bloqueo, puesto que China califica a las sanciones de Trump como "prácticas inhumanas" y violatorias del Derecho Internacional.
Por otro, y a diferencia de Rusia, China ha evitado prometer un flujo masivo de petróleo. Su frase oficial, "ayudaremos en la medida de nuestras posibilidades", es interpretada como una señal de que Pekín no arriesgará su relación comercial con EE. UU. (su principal socio) por suministrar combustible a la isla. Sin embargo, el rol de China no es solo paliativo, sino estructural.
Pekín sabe que las termoeléctricas cubanas son obsoletas, por lo que su estrategia actual se centra en inversión en energías renovables financiando tecnología para parques solares. El objetivo es que Cuba dependa menos del petróleo importado y más de su propia generación, lo que le daría una "soberanía energética" que hoy no tiene. Podríamos pensar que para China, Cuba es un aliado que no debe caer, pero cuya salvación no debe costar una guerra comercial total con Donald Trump.
Brasil, Colombia, la OEA y el Grupo de los 77
Los gobiernos de Lula da Silva y Gustavo Petro, intentaron formar un bloque mediador, pero con poco éxito real, con la propuesta de crear un "corredor humanitario" supervisado por la ONU para llevar alimentos y medicinas al oriente de Cuba, pero Washington ha vetado cualquier iniciativa que implique el uso de infraestructura estatal cubana. Brasil, en particular, teme que el colapso total de Cuba desate una oleada de refugiados que desestabilice aún más al Caribe y llegue hasta sus fronteras, complicando la logística regional.
En tanto, tras las reuniones de febrero, del G77+China se han emitido comunicados exigiendo el fin del cerco energético, calificándolo de "genocidio inducido", pero pese a los discursos, ningún país se ha atrevido aún a desafiar activamente las sanciones enviando buques tanqueros con crudo, ante el riesgo de que sus flotas sean sancionadas o sus activos en dólares congelados.
La Solidaridad de los Pueblos con Cuba
En este punto, debemos comprender que el tablero de la geopolítica en el que juegan los Estados, se rige más por el poder de fuego que por la diplomacia y el derecho internacional. Pero todo ese movimiento nada tiene que ver con lo que vaya a jugar la solidaridad de las fuerzas vivas de cada Nación en las que Cuba tiene simpatizantes, y amigos incondicionales, que ya se organizan para ganarle al tiempo.
Un caso de mucha relevancia es la iniciativa de los trabajadores petroleros de Brasil, que lanzaron una campaña por petróleo y medicamentos para Cuba. Se trata de la Federación Unificada de Trabajadores del Petróleo (FUP), que dio a conocer el pasado viernes el envió de una carta oficial a la Dirección Ejecutiva de Logística, Comercialización y Mercados de la gigante estatal Petrobras, para solicitar una reunión destinada a discutir la posibilidad de un envío de emergencia de combustible a Cuba.
En una publicación del Granma de Cuba, se destaca que la petición forma parte de la campaña «Petróleo para Cuba», lanzada por organizaciones sociales, movimientos populares, partidos políticos y trabajadores del sector para presionar al gobierno brasileño de Lula y a Petrobras a fin de que Brasil realice el mencionado envío al país caribeño.
Ante esa situación, los trabajadores petroleros manifestaron que es fundamental entablar un diálogo institucional sobre alternativas viables, aspectos regulatorios y operativos, así como posibles vías de cooperación. Según la carta, la diplomacia brasileña ya ha expresado con acierto su posición al respecto, pero se necesitan acciones concretas, urgentes y humanitarias. “Petrobras, como empresa pública de un país soberano, debe involucrarse para garantizar el suministro de petróleo a Cuba”, destacó el director de la FUP, Paulo Neves.
En este sentido, el portal Brasil de Fato difundió hace pocas horas que el Ejecutivo del presidente Luiz Inácio Lula da Silva está estudiando seguir el ejemplo de la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, y enviar un cargamento de ayuda humanitaria a Cuba centrada en medicamentos y alimentos básicos, según un informe a ese medio del Ministerio de Desarrollo Agrario de Brasil, la acción está siendo coordinada por la Agencia Brasileña de Cooperación de la Cancillería.
La iniciativa de los trabajadores petroleros del Brasil, no es un caso aislado. Desde que se difundieron los planes inhumanos de Trump, numerosas organizaciones, activistas, políticos y personas de todo el planeta comenzaron a gestionar campañas de apoyo, como la Flotilla Solidaria “Nuestra América”, una coalición internacional, que reúne grupos de Europa y América, para zarpar hacia Cuba en marzo de 2026 con la misión de llevar alimentos, medicinas y suministros esenciales, intentando romper el bloqueo norteamericano y aliviar la profunda crisis económica y energética que afecta a la isla. La iniciativa, impulsada por la Internacional Progresista y movimientos sociales, busca visibilizar el impacto de las sanciones estadounidenses y presionar por su fin, inspirados en acciones de solidaridad marítima para romper el aislamiento, y sumarse a los esfuerzos de países como México.
Las muestras de solidaridad confirman un escenario prometedor para Cuba que podría resumirse en una caricatura publicada en el portal Brasil247 de respaldo a Cuba, donde se observa al líder histórico de la Revolución, Fidel Castro, señalando acusatoriamente a Trump: “Bloqueaste el petróleo que va para Cuba, pero nosotros resistiremos con algo que tú no tienes, la solidaridad y la simpatía del mundo”, la obra de autoría del dibujante y periodista Miguel Paiva lleva por título “Cuba no está sola”.